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LA BALADA DE LA PIEDRA QUE LATÍA (FRAGMENTO)

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"El día 16 por la mañana, Matilde Ferreira le pasaba el plumero a los muebles en su casa. Había puesto la radio, que se estaba convirtiendo en su única compañía. Últimamente su esposo era casi una visita en el hogar. cosa que a ella le daba alivio.. —De pronto, él entró como una tromba. —Agarrá tu abrigo y acompañame– le dijo sin saludar. —¿A dónde vamos? —Por el camino te explico. No me hagas perder tiempo. —Matilde se puso un abrigo de media estación, un sombrero con flores y tomó su cartera. Máximo la tomó de la mano y la condujo hasta el automóvil que aguardaba en la puerta. Se acomodaron en el asiento trasero, y le dio una indicación al chofer. —Preparate. Hoy vas a conocer a una de tus artistas favoritas, querida. Se detuvieron frente a la entrada de un coqueto edificio de departamentos. El portero les franqueó la entrada y subieron en la jaula del ascensor hasta el tercer piso. Entraron a un departamento donde varios hombres rodeaban a una mujer rubia y fla...

JUNIO DEL ' 55 (FRAGMENTO DE NOVELA)

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-      Mamá,   yo quiero ver los aviones. -      -Ya los vas a ver, hijo. En un ratito. La señora Virginia Etchegaray se sentó, fatigada, en un banco de la Plaza de Mayo. Apoyó la bolsa de las compras a su lado y sacó un paquete de galletitas para darle una a su hijo Luis, de cinco años. Había tenido que salir a hacer unas compras al centro, pero como la vecina que habitualmente le cuidaba al niño en esas situaciones se había enfermado, había tenido que llevarlo con ella. Para consolarlo del fastidio por abandonar su habitación y sus juguetes para pasar horas recorriendo tiendas repletas de artículos que no le interesaban y escuchando conversaciones que lo aburrían, la joven madre le había prometido llevarlo a ver el espectáculo de aviación que estaba anunciado para esa mañana en Plaza de Mayo. “Vas a ver que lindo, los aviones van a hacer piruetas en el cielo y van a tirar flores” le dijo para entusiasmarlo. El niño, ilusionado, no dej...

EL PATO BLANCO NEVES Y LAS SIETE HERMANAS DAGOR (CUENTO)

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A la hora de la siesta el sol recalentaba las chapas que formaban el techo del galpón donde funcionaba el gimnasio Blanco. Pero eso no parecía   hacer mella en el vigor de los atletas que allí entrenaban. Con el sudor como una pátina de barniz sobre los hipertrofiados músculos, animándose mutuamente con viriles imprecaciones y bravuconadas, seguían   agitando las mancuernas, tirando de las poleas y levantando barras olímpicas dobladas por el incontable peso de innumerables discos de hierro. De pronto se hizo una pausa en ese concierto de jadeos masculinos, exhalaciones y ruidos   férreos. El “Pato” Blanco, dueño y señor del gimnasio había entrado en el recinto. Su sola presencia imponía respeto. Sus dos metros de altura rellenados con 120 kilogramos de trabados músculos, su mirada ruda bajo el poblado entrecejo oscuro y sus manos   hiperbólicamente simiescas   le infundían prudencia al más guapo. Además, se jactaba de conocer todas las rutinas de entrena...

RESCATES: CLOTILDE SABATTINI DE BARÓN BIZA (1918-1978)

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   Pasó la "ola verde", el feminismo se convirtió en una moda y hasta en un artículo de consumo...pero aun  para miles de argentinos este nombre no dice nada. Sin embargo, "Cotita" Sabattini, destacada escritora, pedagoga e historiadora, fue la primera mujer en ocupar un cargo de rango ministerial en Argentina: fue designada por Arturo Frondizi como Presidenta del Consejo Nacional de Educación entre 1958 y 1962, cargo equivalente al actual Ministerio de Educación. Su mérito no sólo radicó en ser la primera persona de su género en acceder a un cargo ejecutivo tan alto en en el organigrama del Estado Nacional, sino que además su gestión bien puede ser calificada como brillante: durante la misma se sancionó el Estatuto del Docente, terminando con los nombramientos "a dedo", las cesantías arbitrarias  y el famoso requisito de "recomendación política, militar o eclesiástica" para acceder a un puesto de maestro en el sistema público. Introdujo también...

EL VIAJE Y LA PESTE

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Altamar, 1909.   Arsendina Francisco recostó su cabeza afiebrada sobre la dura almohada de la estera de su camarote de tercera clase. Había intentado mojarse la cabeza con paños fríos para bajarse la fiebre, pero fue en vano. En un rincón de la minúscula habitación, las pequeñas Irma y Beatriz veían con desorbitados ojos de horror a su madre retorcerse y delirar.   Cuando empezó el viaje, creyó que sus mareos se debían a los movimientos del barco, y era comprensible -era mujer de la sierra, era la primera vez que navegaba en su vida- y no le dio importancia pensando que en un par de días se acostumbraría.   Pero todo fue peor.   A los mareos siguieron la fiebre y la absoluta incapacidad de comer nada sin vomitar.  Y llegó un momento, el que apenas pudo levantarse de la estera.   El único médico a bordo la revisó, y revisó a otro pasajero que presentaba similares síntomas. El diagnóstico fue el más temido: tifus. Los dos enfermos fueron conf...

LA PIEDRA QUE LATÍA (TANDIL, 1912)

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L os pocos transeúntes que fatigaban las calles de Tandil a esas horas de la madrugada del 29 de febrero de 1912, tropezaron con el macabro hallazgo: parecía un bulto negro abandonado en la calle, pero era el cadáver de un hombre. Cuando el policía que hacía su ronda nocturna por las calles del poblado lo dio vuelta y le vieron la cara, uno de los curiosos dio un grito de asombro. “¡Pandereta!” A l loco “Pandereta”   lo conocía todo el mundo. Solía entrar a los bares, donde cantaba y bailaba a cambio de unos tragos. A veces la policía lo detenía y lo dejaba en el calabozo unos días, pero después lo largaban. Con el tiempo dejaron de molestarlo, porque era el bufón oficial del pueblo. No se le conocía familia alguna, y nadie recordaba cómo había llegado a Tandil. “Estuve siempre”… bromeaba él. “Soy como la Piedra Movediza. El día en que yo me muera, se cae la piedra.” Los parroquianos le festejaban la ocurrencia y le compraban otro vaso de grapa. P asadas las cinco de ...